Punto de partida
El modelo de negocio DMC — reservas con proveedores, briefs de cliente, cambios de última hora, flujos de petición a medida — nunca encaja del todo en un SaaS de catálogo. Los CRM genéricos asumen una forma de “tour operator” y se pierden la mitad del trabajo real de un DMC.
Ambas firmas estaban tapando ese hueco a mano con tres o cuatro herramientas desconectadas (hoja de cálculo + email + un panel de reservas separado + una hoja financiera). En cada traspaso se perdía información.
Una semana sentados con ellos
Observamos cómo se movía el día de verdad, no como decía el organigrama. Operaciones por la mañana en un sitio, intercambios con proveedores por la tarde en otro, conciliación financiera por la noche en un tercero. La misma persona cruzaba cinco interfaces al día.
Tras una semana de inmersión in situ, no teníamos un “proceso ideal” inventado, sino un mapa real de estas dos oficinas: sus hábitos, su vocabulario, sus puntos de decisión.
Tres capas, diseñadas en paralelo
La misma arquitectura base para ambas firmas — pero decisiones de UI y UX distintas, modeladas al lenguaje diario y al reflejo de decisión de cada equipo.
- Una UI a su medida — Una sola pantalla donde el equipo ve toda la operación activa, estructurada alrededor de su propio ritmo diario.
- Una UX a su medida — Rutas de clic, estructura de archivos y lógica de notificación mapeadas a qué rol necesita qué información en qué momento.
- Un backend a su medida — Una capa de datos que modela relaciones con proveedores, versionado de briefs de cliente y conciliación financiera según sus propias reglas de negocio.
Resultado
El bucle hoja-por-la-mañana → herramienta-distinta-por-la-tarde → tercera-por-la-noche se colapsó en un único acceso. La pregunta inicial de cada operación — “¿en qué herramienta empiezo?” — desapareció.
La plataforma está en uso activo en ambas firmas; las mejoras continúan a partir del feedback real diario de los equipos.